Los Hermoso de Mendoza forman una saga de rejoneadores; toreros a caballo prefieren definirse ellos. Pablo, el padre, una figura que ha tocado el cielo en esta especialidad taurina, comparte apellido y profesión con Guillermo, su hijo, que acaba de tomar las riendas y quiere seguir la misma senda de triunfos. Los 29 años de carrera del primero se acompasan ahora con la incipiente trayectoria del descendiente. “Me estoy viendo reflejado en él y me está sirviendo para pulir muchos aspectos de mi trabajo con los caballos. Me identifico con los errores que cometía en mis inicios y nos sirve para ir perfeccionando ambos», comenta la leyenda. Pablo y Guillermo Hermoso de Mendoza, que acaban de firmar una tarde redonda en su Estella (Navarra) natal, premiados con cuatro orejas y un rabo cada uno, van a protagonizar un cartel inédito este sábado en San Sebastián. Un mano a mano entre ambos, la primera vez que torearán los seis toros de la lidia en una plaza de primera.

En la finca estellesa de Zarapuz se ultiman estos días los preparativos para una cita histórica. «Es todo un reto. Estoy presentando en público a mi hijo. Me apasiona esta etapa de mi vida». La familia Hermoso de Mendoza abre la puerta grande de Zarapuz a EL PAÍS. «Esta es mi obra: aquí están los caballos que yo he creado. Es una de mis mayores satisfacciones», confiesa Pablo. Es un remanso de prados donde pastan y se entrenan los equinos, un campo abierto a los pies de Montejurra donde también se dedican a la crianza de ganado bravo. Un complejo con dos picaderos, una plaza de tientas, las cuadras, los corrales para las yeguas y los potrillos, un almacén para piensos, además de la residencia familiar, conforman el universo donde el número uno del toreo a caballo ve nacer, cuida, doma y forma a sus animales.